Despues de haber revisionado en profunda maratón hace algunos días la casi totalidad del cine de Christopher Nolan, ese solapado milagro del cine de superheroes holliwodense, me he dado cuenta de algo extraño y paradójico en su filmografía: hay una sombra detrás, un espectro que a mi particularmente me conmueve: DEPRESIÓN.
Por algún motivo, que intentaré descifrar en estas pocas lineas, el cine de Nolan me provoca, a pesar de las oleadas de acción e intriga bien hilvanada una oleada de exasperación, como si lo que se mostrara en imagenes siempre fuera triste y patético, oscuro, intrigante.
Las escenas, la iluminación, la música siempre penetrante se un Hans Zimmer en sintonía con el británico director, me producen desasosiego, una desesperación visceral que raya en la desolación.
Hay algo en la forma en que Nolan apunta la cámara a sus protagonistas, como los ilumina, como les hace sufrir sus experiencia… esa sombra me provoca una constante inquietud.
Hay siempre en su mirada de cineasta noir actualizada, una manera gutural de producir tristeza. Vean Memento, vean The Prestige, vean Batman… Inception… por donde quiera que Nolan fija su mirada, ( y vuelvo a recalcar a pesar del exceso de acción y probada adrenalina visual) constantemente triunfa la tristeza.

Esta tristeza, este punto bajo, depresivo, oscuro, debe ser el mayor triunfo y la rubrica más destacada del britanico: Las multiples pistas por las que sus personajes, sus criaturas se desenvuelven en pantalla son una especie de KARMA, un dolor agudo, donde el “pattos” dramático se ha vuelto consistente, turbulento, viscoso, como en una pesadilla, que todo lo impregna… pero que lo convierte en una pieza visual increiblemente atractiva, fascinante.
Nolan mi grita que me va a sorprender, que me va a asustar, me amenaza con tirarme por una montaña rusa demencial, plagada de luz y ruido, pero lo que me arroja es tristeza, una cierta decepción trucada e irreal, como la que se experimenta cuando uno despierta de un sueño maravilloso, y se da cuenta que todo ha sido eso: un sueño.
No hay otro cineasta que me produzca tal sensación. Tal vez era hora de que alguien lo hiciera. Ante la oleada de luz y vigor que otros nos otorgan en sus películas tal vez sea provechoso que alguien que produce lo mismo, le heche a la olla una buena dosis de DEPRESIÓN y resulte tanto o más grato que el resto.
FYTO MANGA